17/1/16

El Día

Los embarazos adolescentes aumentaron más de un 15% en apenas una década 

La tasa de maternidad entre menores de 19 años no para de crecer en el país, donde ya representa uno de cada seis nacimientos

Desde el consultorio de Control Prenatal para Adolescentes del Hospital de Berazategui, Sandra Souza –presidente del Tribunal de Disciplina del Colegio de Obstétricas- observa año tras año que sus pacientes no sólo son cada vez más numerosas sino también de menor edad. “Antes te sorprendías cuando llegaba una de 15, ahora podés encontrarte con chicas embarazadas de 13 y hasta 12 años”, cuenta en coincidencia con muchas de sus colegas que trabajan en el sistema público de salud.
Ya sea en Berazategui, La Plata o el norte del nuestro país, el fenómeno que describe la licenciada Souza no deja de crecer. Como confirma un estudio del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), la tasa de maternidad adolescente pasó del 30,5 por cada mil mujeres en 2001 al 35,3 en 2011, lo que equivale a un aumento del 15,7% en apenas una década.

Este año nacerán en Argentina más de cien mil bebés hijos de madres menores de 19 años que no buscaban quedar embarazadas y que en la mayoría de los casos se encuentran ellas mismas en situación de gran vulnerabilidad social

Mientras en otros países diversas políticas para limitar los embarazos no deseados entre adolescentes logran resultados alentadores, en Argentina, donde éstos representan ya uno de cada seis nacimientos, el fenómeno se acentúa contribuyendo a que haya mayor desigualdad social. Así lo muestra también el estudio de CIPPEC, donde el embarazo precoz aparece como una de las causas que más inciden sobre la pobreza infantil.

De mantenerse la tendencia –y no hay razones para que esto no ocurra- este año nacerán en Argentina más de cien mil bebés hijos de madres menores de 19 años que no buscaban quedar embarazadas y que en la mayoría de los casos se encuentran ellas mismas en situación de gran vulnerabilidad social. En general pobres, con escaso nivel educativo y baja contención familiar, es de esperar que esas mamás y papás les dejen a sus hijos una herencia de desigualdad de la que difícilmente puedan desprenderse alguna vez.

MULTIPLICADOR DE DESIGUALDAD

Aunque los embarazos no deseados durante la adolescencia constituyen un fenómeno que atraviesa las distintas clases sociales, lo cierto es que tiende a concentrarse en las más vulnerables. De cada 18 madres adolescentes 17 pertenecerían a hogares humildes, según observaba un estudio realizado por el ministerio de Salud de la Nación hace una década, acaso el último en indagar sobre este aspecto en nuestro país.

“Los censos y estadísticas no aportan datos del sector social al que pertenecen, pero en la práctica encontramos que la mayoría de los embarazos adolescentes se concentran en jóvenes de los sectores sociales de menores recursos, con dificultades en acceder a un buen nivel de instrucción y cuidados de la salud”, sostiene la licenciada Sandra Souza, desde el Colegio de Obstétricas de la Provincia. De acuerdo con datos difundidos por ese colegio profesional “el 2,9 % de las madres bonaerenses tienen bajo nivel de escolaridad, ya que no tuvieron instrucción o no alcanzaron a completar la escuela primaria, mientras que otro 24,8 % sólo completó este nivel”.

“La mayoría de los embarazos adolescentes se concentra en jóvenes de los sectores sociales de menores recursos, con dificultades en acceder a un buen nivel de instrucción y cuidados de la salud”
A esa situación de base -que se expresa en el hecho de que 1 de cada 4 madres adolescentes ya había dejado la primaria al quedar embarazada- se le suma el impacto del embarazo sobre las demás por ser una importante causa de deserción. De hecho, apenas una tercera parte de las alumnas embarazadas completa su educación secundaria, según muestra una investigación realizada en secundarios bonaerenses y porteños por el Centro Latinoamericano Salud y Mujer.

“La maternidad y paternidad en la adolescencia se da comúnmente entre jóvenes de sectores pobres y escaso o nulo nivel educativo. Este escenario limita y coarta su autonomía como persona, su libertad de acción y elección, los desconoce como sujetos de derechos, deberes y obligaciones para poder proyectar un futuro que cambie el estigma que traen como legado”, señala la licenciada Sandra Zapiola desde el Colegio de Obstétricas de la Provincia al explicar que de la pobreza, la ausencia o abandono escolar y la falta de contención familiar se sostienen de este modo “de generación en generación”.

Lo mismo explica la economista Malena Acuña, analista del programa de Protección Social de CIPPEC y autora de la investigación mencionada anteriormente. “La situación social desfavorable de inicio (que suele darse alrededor de los embarazos adolescentes) –asegura ella- genera un ciclo vicioso que no sólo contribuye a que el patrón se repita de generación en generación dejando atrapadas en él a muchas familias, sino que tiende además a acentuar la pobreza infantil en nuestro país”.

ENTRE DESINTERES Y DESAZON

En nuestro país, dos de cada tres chicas que se convierten en madres antes de cumplir 19 no lo tenían en sus planes. Sin embargo, en la mayoría de esos casos no podría decirse que fue porque ignoraban la existencia de métodos anticonceptivos. Distintos estudios muestran que, de hecho, más del 90 % de las adolescentes embarazadas en la capital federal y la provincia de Buenos Aires conoce la existencia de métodos anticonceptivos y “sabe” cómo usarlos.

¿Cómo es entonces que cada año se producen en Argentina más de 100 mil embarazos adolescentes? En muchos casos la explicación está en que los chicos no dimensionan el riesgo; pero también en que “usan mal los métodos anticonceptivos” o “no tienen acceso a ellos”, “supusieron que el que se iba a cuidar era el otro”, “estaban fuera de control”, o “no les preocupaba para nada lo que pudiera ocurrir”, coinciden en enumerar distintas encuestas. En cualquier caso, el puro desconocimiento no figura hoy entre las principales causas del embarazo adolescente en el país.

“Es cierto que las adolescentes disponen hoy de mucha más información sobre sexualidad y cuidados que las generaciones anteriores y tienen además mayor acceso a métodos anticonceptivos; pero eso no alcanza cuando falta contención familiar –asegura la licenciada Sandra Souza desde su experiencia en el consultorio de control prenatal-. “Vemos constantemente que a muchas chicas no les preocupaba quedar embarazadas –dice- pero también que para muchas otras convertirse en mamás es un proyecto de vida posible frente a un horizonte donde la falta de oportunidades se combina con el desinterés y la ausencia de metas a cumplir”.

En Argentina, dos de cada tres chicas que se convierten en madres antes de cumplir 19 años no lo tenían en sus planes

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