Editorial
Injustificable
deterioro en las dos torres administrativas del Estado provincial
Hace ya más de dos años
esta columna se ocupaba de lo que entonces calificaba como inexplicable estado
de deterioro que presentaban las dos torres administrativas que, sobre las
avenidas 51 y 53, flanquean a la Municipalidad local y que, en su mayoría,
albergan distintas dependencias del gobierno provincial. Ahora, un nuevo
informe publicado en este diario marca que no sólo no se hizo nada para reparar
algunas de las deficiencias edilicias y funcionales, sino que la situación se
agravó, pues se sumaron nuevos y más acuciantes signos de abandono . Está por
demás claro que semejante panorama reclama la urgente adopción de medidas que
le devuelvan a ambas sedes oficiales las mínimas condiciones de higiene y de
mantenimiento general de las que hoy carecen.
Tal como se indicó, la
falta de toda atención y de trabajos de mantenimiento en ambas torres se ve,
asimismo, correspondida por serios déficit en el equipamiento y en el
mobiliario de muchas de las dependencias públicas, con falencias que resultan
llamativas y que perjudican por igual a centenares de empleados y a las miles
de personas que acuden a realizar diversos trámites administrativos.
Cielorrasos
desprendidos que dejan al desnudo los hierros de la estructura edilicia, baños
clausurados durante largos meses por roturas de artefactos; dispensers de papel
higiénico vacíos; toallas descartables y jabón líquido inexistentes; equipos de
aire acondicionado obsoletos o que directamente no funcionan, ventiladores
arrumbados, sistemas de calefacción necesitados de reparación y ascensores fuera
de servicio. En los corredores de algún piso, incluso, se amontonan escritorios
y sillas en desuso.
El tema de los
ascensores -habitualmente se habilitan tres de los ocho existentes- genera
colas de público que se extienden hasta el exterior de ambos edificios. Además
de la molestia que ello supone, se pierden muchos minutos en el intento por
llegar a los pisos superiores. Los más jóvenes o más ágiles prefieren concretar
la travesía por las escaleras que llegan, en ambas torres, hasta el piso 16°.
Ventanales rotos en
algunos pisos, un panorama ciertamente impropio, no sólo para cualquier
edificio sino, en especial, para los que pertenecen al Gobierno y que, por
consiguiente, no debieran exhibir semejantes y tan visibles grados de abandono
y deterioro.
Resulta ciertamente
paradójico que el gobierno provincial -hay en las dos torres reparticiones de
los ministerios de Trabajo, Educación, Asuntos Agrarios, Economía, Desarrollo
Social, entre otras carteras y organismos bonaerenses, y de direcciones, secretarías
y entes comunales- y la Municipalidad, que se muestran celosos a la hora de
imponer requisitos y fijar eventuales multas en lo concerniente al estado que
deben presentar los inmuebles y a los reglamentos que deben cumplirse para
poder habilitarlos, se desinteresen del estado en que se encuentran sus propias
sedes.
Estas situaciones, que
afectan la actividad cotidiana de trabajadores y también a la del público que
acude a esos edificios a realizar numerosos trámites, resulta, además,
especialmente lamentable en una ciudad que, como la nuestra, sigue aspirando a
ser declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, entre otros motivos por la
calidad que desde la fundación exhibieron los palacios gubernamentales.
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