18/1/16

El Día

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Editorial
Injustificable deterioro en las dos torres administrativas del Estado provincial
Hace ya más de dos años esta columna se ocupaba de lo que entonces calificaba como inexplicable estado de deterioro que presentaban las dos torres administrativas que, sobre las avenidas 51 y 53, flanquean a la Municipalidad local y que, en su mayoría, albergan distintas dependencias del gobierno provincial. Ahora, un nuevo informe publicado en este diario marca que no sólo no se hizo nada para reparar algunas de las deficiencias edilicias y funcionales, sino que la situación se agravó, pues se sumaron nuevos y más acuciantes signos de abandono . Está por demás claro que semejante panorama reclama la urgente adopción de medidas que le devuelvan a ambas sedes oficiales las mínimas condiciones de higiene y de mantenimiento general de las que hoy carecen.

Tal como se indicó, la falta de toda atención y de trabajos de mantenimiento en ambas torres se ve, asimismo, correspondida por serios déficit en el equipamiento y en el mobiliario de muchas de las dependencias públicas, con falencias que resultan llamativas y que perjudican por igual a centenares de empleados y a las miles de personas que acuden a realizar diversos trámites administrativos.

Cielorrasos desprendidos que dejan al desnudo los hierros de la estructura edilicia, baños clausurados durante largos meses por roturas de artefactos; dispensers de papel higiénico vacíos; toallas descartables y jabón líquido inexistentes; equipos de aire acondicionado obsoletos o que directamente no funcionan, ventiladores arrumbados, sistemas de calefacción necesitados de reparación y ascensores fuera de servicio. En los corredores de algún piso, incluso, se amontonan escritorios y sillas en desuso.

El tema de los ascensores -habitualmente se habilitan tres de los ocho existentes- genera colas de público que se extienden hasta el exterior de ambos edificios. Además de la molestia que ello supone, se pierden muchos minutos en el intento por llegar a los pisos superiores. Los más jóvenes o más ágiles prefieren concretar la travesía por las escaleras que llegan, en ambas torres, hasta el piso 16°.

Ventanales rotos en algunos pisos, un panorama ciertamente impropio, no sólo para cualquier edificio sino, en especial, para los que pertenecen al Gobierno y que, por consiguiente, no debieran exhibir semejantes y tan visibles grados de abandono y deterioro.

Resulta ciertamente paradójico que el gobierno provincial -hay en las dos torres reparticiones de los ministerios de Trabajo, Educación, Asuntos Agrarios, Economía, Desarrollo Social, entre otras carteras y organismos bonaerenses, y de direcciones, secretarías y entes comunales- y la Municipalidad, que se muestran celosos a la hora de imponer requisitos y fijar eventuales multas en lo concerniente al estado que deben presentar los inmuebles y a los reglamentos que deben cumplirse para poder habilitarlos, se desinteresen del estado en que se encuentran sus propias sedes.

Estas situaciones, que afectan la actividad cotidiana de trabajadores y también a la del público que acude a esos edificios a realizar numerosos trámites, resulta, además, especialmente lamentable en una ciudad que, como la nuestra, sigue aspirando a ser declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, entre otros motivos por la calidad que desde la fundación exhibieron los palacios gubernamentales.

 

 

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